19 enero 2012

De ESPIRITU y CUERPO

Me he involucrado en un nuevo proyecto que, (aunque me está exigiendo parte de mi apreciado tiempo  y muchas de las energías que guardaba en reserva), me está concediendo recompensas humanas que no entienden el significado de un sobresueldo.

Hay un refrán muy español que dice: “La necesidad agudiza el ingenio”… y este proverbio popular lo considero como el inicio de esta nueva aventura en la que estoy participando.

Todo comenzó con una simple conversación en la terraza de una cafetería con la madre de unos de mis pequeños alumnos; en ciertas ocasiones, prefiero trasladar algunas citas fuera de las paredes del despacho porque es una forma de descompresión  para mis clientes y, por supuesto, para mí misma. (Sin olvidar que teniendo el maravilloso privilegio de encontrarme a escasos metros del mar y de que en mi tierra el sol se suele recrear por las tardes ¿cómo voy a desperdiciar este tipo de regalos que me ofrece la poderosa naturaleza?).

Cuando ella y yo finalizamos nuestra charla sobre su hijo (que era el único motivo de nuestro  encuentro), parece que nuestras correspondientes obligaciones pasaron a un segundo plano. Nos encontrábamos relajadas, a gusto la una en compañía de la otra y, (en estas serenas circunstancias), comenzamos a hablar de temas personales e, (inevitablemente,)  de nuestros respectivos trabajos (que es un tema que no podemos negar que se encuentra a la orden del día para casi todo el mundo).

Ella es gerente de un instituto de salud y de ejercicio. Ella, al igual que yo, está pasando por esta complicada etapa de recesión que se empeña en que cerremos las puertas de nuestros enanos negocios (¡va a ser que a la Sra. Crisis le va a costar mucho esfuerzo que yo me dé por vencida!). Ella y yo hablando de facturas, de impuestos o de clientes comenzamos a desencadenar nuevas ideas para seguir adelante y, entre las dos, llegamos a la bendita conclusión de que podíamos iniciar una colaboración que nos beneficiara mutuamente. ¡He aquí mi (nuestro) reciente desafío!.

Tal vez fue un exceso de confianza el que tuvimos la una en la otra en esos instantes o que, (como he dicho líneas más arriba) “la necesidad agudiza el ingenio”, pero el caso es que nos bastaron nuestras palabras para no ponernos límites, para no pensar en que no podíamos llevarlo a cabo, para no pararnos dándole forma a este pensamiento un tanto abstracto… Y, ¡bueno!, ya hace dos meses en los que sumo horas a mis días, en los que agradezco llegar cansada a la cama y en los que estoy recibiendo mucho más de lo que suponía  a cambio de mi trabajo.

No son recompensas económicas las que me proporciona este reluciente proyecto, aunque la escasez monetaria haya sido la que en cierta manera me ha llevado hasta él… (Al fin y al cabo, considero que nadie jamás ha conseguido el éxito de la noche a la mañana. No porque mis bolsillos no hayan visto aún ni un euro surgido de esta idea ¡voy a rendirme no continuando en ella!). Me siento inmensamente gratificada por el maravilloso valor con el que he comenzado a tasar al ser humano.

Mi profesión siempre ha tenido sentido para mí. Estar rodeada de niños más que un trabajo lo considero como una vocación que me nace desde muy adentro. Ser educadora infantil, hoy en día, me sigue valiendo la pena. ¡Es así!... Pero dar un paso más allá con los pequeños en este tú a tú que me propongo cada tarde, (obviando las esporádicas ocasiones en las que lo he hecho por pura solidaridad), no entraba dentro de mis planes.  Claramente,  yo no he estudiado ninguna rama de medicina para creer que, (a través de un simple entretenimiento), podría ayudar a “sanarles”.

Como he dicho, mi “pluriempleo” (por llamar a este proyecto de alguna forma más concreta) lo realizo en un centro de salud y de ejercicio. Mi labor consiste en enseñar a los niños los beneficios que supone el entrenamiento físico realizado con regularidad desde una temprana edad,  también  (siguiendo las indicaciones de los especialistas) de apoyo para que vuelvan a estar fuertes bien porque han sufrido un accidente o bien porque su sobrepeso les invita directamente a una penosa inmovilidad.

Este centro, (aparte de funcionar como lo que entendemos por “gimnasio”), se dedica más bien a sesiones de rehabilitación que a perfeccionar abdominales y posee un equipo de excelentes profesionales que se complementan entre sí,  (faltaba “alguien como yo” que supiera tratar con la infancia sin que vieran en mí a “una asustadiza bata blanca”). Es decir, que casi todas las personas que acuden a él lo hacen por prescripción médica o porque su dañada salud así se lo exige… Por lo tanto, mi primer “paciente” ha sido un niño de cuatro años que ha estado con la pierna derecha escayolada durante seis semanas,  a causa de una tonta caída mientras saltaba en el patio del colegio. Sé lo qué es enseñar a un bebé a caminar (no hay que estudiar ningún libro para considerarse una experta en este menester, con el instinto ¡te basta!), pero yo no sabía cómo invitar a andar a esta criatura que le tenía pánico a volver a poner los pies sencillamente en el suelo… Sin embargo, el cariño, la paciencia, la naturalidad y ¡una gran cantidad de juegos realizados entre los dos! han obrado la maravilla de que se realice este pequeño milagro para él;  para mí, sus primeros renovados pasos han supuesto que yo también desee seguir hacia delante colaborando con esta recién estrenada tarea. (Sin olvidarme de que ¡he estado demasiado años ejerciendo de “jefa” y precisaba seguir las directrices laborales que otro semejante me imponga!).

Separadamente del privilegio moral que estoy viviendo, a nivel puramente físico me estoy dando más cuenta de ¡lo importante qué es el ejercicio para sentirse bien!, que a nuestro cuerpo lo deberíamos de tratar como a un santuario, que no sólo nos corresponde cuidarnos cuando asoman las dolencias…  Yo soy de las que siempre he puesto cientos de excusas para no “moverme”  o para abandonar ese “movimiento” a las primeras de cambio y, ¡encima!, si se me agotaban los argumentos en relación a esto ¡era capaz de inventarme muchos motivos más!; sin embargo, ahora me siento contenta de haber encontrado un hueco de mi tiempo para volver a “ejercitarme” (estando un ratito antes o quedándome un ratito después de mis correspondientes sesiones con los peques, ¡me he obligado a aprovechar las oportunidades que me está poniendo en bandeja este lugar!).

Está siendo duro para mí, ¡lo reconozco!.  No es lo mismo acabar el día agotada porque durante toda la jornada no he parado de hacer cientos de rutinarias cosas, que llegar a la cama sintiendo los pinchazos de unas molestas agujetas en zonas de mí misma que no recordaba que me pertenecían (prefiero lo segundo).

He comenzado poquito a poco, aún debo de darme algunas semanas por delante para que este hábito se me arraigue de verdad; necesito de más tiempo, de más esfuerzo y de más paciencia para asegurar que “vuelvo a estar en forma”. Mi estimulo es sentir cada día que estoy haciendo algo diferente con mi cuerpo, algo que me había prometido realizar más en serio, algo que me hace sentir mucho mejor que ayer.

Agradezco que me hayan aceptado en un reducido grupo que practica sus pinitos en una peculiar “escuela de espaldas”. Un grupo de personas admirables por su inmensa fuerza de voluntad. Un grupo en el que cada cuerpo tiene una limitación motora…  ¡Es una descarga emocional tan grande la que siento en su compañía  que se merecen que les dedique una entrada completa más adelante!.
 P.D. Las fotografías que ilustran esta letras son de una prodigiosa artista llamada Cecelia Webber. En sus trabajos siempre muestra la belleza del cuerpo humano “sin retoques” (aunque a primera vista no lo parezca). A parte de eso, su labor es lenta y laboriosa hasta que al finalizarla se torna en algo ¡¡¡profundamente bello!!!.

Un sano abrazo para tod@s y para cada un@ de vosotr@s


7 comentarios:

Ernesto. dijo...

El título de tu entrada creo que señala con claridad dos cualidades que te definen: espíritu y cuerpo. Esencia y materia...

Espíritu en cuanto a esa fuerza interior que posees, conoces y desarrollas en casi todos los ámbitos de tu día a día...

Materia en lo que podría significar esa otra fuerza, caracter de avance, que guía la mayor parte de tus proyectos laborales, de relaciones humanas y sociales...

En definitiva, la Velvetina que quienes te conocemos valoramos y apreciamos.

Un fuerte y cariñoso abrazo amiga.

La Gata Coqueta dijo...



Cuando mires las estrellas
acuérdate de mi
porque en cada una de ellas
he dejado un abrazo para ti.

Pasa un feliz fin de semana
y serás protagonista
de un millón de sonrisas.

María del Carmen


Lapislazuli dijo...

Creo que es una tarea maravillosa la que haces, el sedentarismo es la peor compañía, respecto al niño en cuestion, que mas que cariño y compartirlo, pera ello no se necesita ninguna preparacion academica
Feclicitaciones

Esther Hhhh dijo...

Sencillamente me encanta, Velvequerida. Es un proyecto maravilloso, precioso, encantador y muy gratificante. Espero que de paso te de alguna alegría en forma de euro, que mal no viene en estos tiempos que corren, pero en cualquier caso, no hace falta leerte para saber a ciencia cierta que las satisfacciones y beneficios que vas a obtener a corto, cortísimo plazo, que de hecho ya estás recibiendo, tanto de esos peques, como de tu propio cuerpo, esas cosas, mi querida amiga, no tienen precio... ¡¡Y prepárate este verano para el bikini!! Menudo tipazo me vas a lucir, jejeje...

Besitos, mi querida Velve.

PD: Me sigo viendo reflejada en mares turquesa con reflejos ambarinos... Y me encanta ;-). Me voy corriendo, que me esperan, jejeje..

PD2: ¿Sabes que palabra me puso la verificación? "rema" Creo que te la dedico. Rema y sigue con tu nuevo proyecto ;-)

Esther Hhhh dijo...

Uys, que me olvidé decirte: Las fotos me encantan, son preciosas... Gran fotógrafa has elegido.

José Ramón dijo...

Bella esta entrada.

Feliz semana saludo desde…
Abstracción textos y Reflexión.

Andylonso dijo...

Hija mía, si tú supieras el halo de optimismo, de felicidad y alegría, que se desprende de tus palabras. Se te nota, a pesar del agotamiento físico, ese que hace que duelan partes del cuerpo que ni sabías que tenías, una ENERGÍA, unas ganas de pelear...que me has cargado las pilas a mí, y mira que hoy era complicado.

Me alegro mucho Velve. ERes una persona que inspira a los demás; siempre te digo que tu sabiduría para mí es muy necesaria y la paz que irradias también.

Qué suerte tienen esos niños de tener cerca a una guía como tú. Espero que lo sepan aprovechar.

Un abrazoteeeeeeeeeeeeeeeeeeee