Me prometí a mí misma comenzar con un renovado entusiasmo este nuevo año, cerrar la puerta al pasado porque al fin y al cabo ¡el pasado ha pasado! y estrenar de inmediato ilusiones, sonrisas y sueños… Pero, aún actuando cada día sin necesidad de comprobar qué fecha concreta indica el formal calendario, ¡me había olvidado de que existen las decepciones!. Las propias, las ajenas, las desilusiones ¡al fin y al cabo!.
Enfadarse cuando surge alguna inesperada desilusión considero que está plenamente justificado, aunque ¡eso sí! en nuestro poder está la forma de ponerle remedio a ese fortuito enfado.
He vuelto a hacer examen de conciencia, un acto intimo que suelo realizar bastante a menudo en los últimos tiempos, y que, (salvo contadas excepciones), prefiero mantener en un privado silencio (aunque deje alguna que otra pincelada a través de este blog, ¡es lógico!, ¡me pertenece!). Otra prueba más para esta alumna que intenta aprender en la escuela de nombre Vida y que, (aún cometiendo múltiples fallos), desea seguir empollando, formándose, repasando… ¡¡¡aprendiendo!!!.
Después de esta particular aventura hacia mis adentros, (provocada en cierta forma por algunas decepciones que han asomado sin permiso previo), lo que más he sacado en claro es que ¡no hay que tener jamás miedo a cometer errores!. Errores que, en la mayoría de las ocasiones, inevitablemente encierran desilusiones… Y yo, no puedo negarlo, lo mismo me he sentido decepcionada como que he decepcionado (poquito, mucho, bastante… ¡no soy un ser perfecto!).
No me cuesta trabajo perdonar a los demás, ¡ya no me cuesta trabajo perdonarme a mí misma! y he necesitado muchas veces que me perdonen porque me he sentido culpable. Culpable hasta el punto de que me he paralizado ante algunas cruciales decisiones (aunque estas mismas decisiones no tuvieran relación con el mal acto por el que he precisado un perdón)… Es ahora cuando comprendo que no saber qué camino debía de tomar, ¡efectivamente era una forma de elegir porque estaba decidiendo quedarme parada!. Es ahora cuando comprendo que debo de asumir las consecuencias de mis acciones, aunque estas vengan después cargadas de algo que no deseo (nadie anhela el dolor para sí mismo). Es ahora cuando comprendo que si asoman los desencantos ¡no hay que refugiarse en supuestas culpabilidades!.
Dicen que los que nos quieren de verdad nos quieren a pesar de nuestros defectos… Y yo ¡tengo tantos desperfectos conmigo que debe de ser muy complicado quererme!. Expresar esto, (según mi particular consideración), es como decir que se nos quiere por lo que somos, no por lo que hagamos (incluso menos por lo que hicimos) y, sin embargo, aún de este modo ¡es inevitable que asome, en el momento menos esperado, algún que otro desengaño que intenta desequilibrarme!.
No me siento decepcionada conmigo misma, llegada a este punto de mi Vida ¡no me siento decepcionada con quien soy!.... (Al respecto, mi conciencia me ha dicho que está serenamente tranquila y que puedo seguir durmiendo a pierna suelta por las noches). Me siento decepcionada por todo lo que me “falta”, aún sintiéndome dichosa por todo lo que tengo. (¿Es esto sensato?).
No me importa mostrar mi vulnerabilidad, porque siendo una persona frágil es como estoy consiguiendo hacerme una mujer fuerte… Pero, (aún sin llegar al punto extremo de sufrir demasiado por ello) necesito que, (de vez en cuando, sólo de vez en cuando), quienes me rodean se preocupen por mí en los momentos de flaqueza porque momentos de debilidad (por mucha fortaleza que transmita ahora) ¡también tengo!.
He asimilado que no todas las promesas que se me hacen acabarán cumpliéndose, pero ¡soy tan ingenua que siempre en este aspecto dejo cabida a una mínima esperanza!. No poseo la condición de no aguardar nada para después no acabar sintiéndome tristemente defraudada (poquito, mucho, bastante).
Sé que cada quien tiene su modo personal de mostrar los sentimientos, sé que cada quien tiene su propia medida para el querer, sé que cada quien tiene un límite y que (conociendo ese límite) no le puedo pedir más… Pero, incluso sabiendo esto, también sé que en algunas inevitables circunstancias ¡volverán a asomar con descaro, (como manifiesto ahora), algunas decepciones!. (No por ello, ¡voy a encerrar bajo llave a mis ilusiones por miedo a que se me escapen!, ¡que conste!).
Expreso estos pensamientos porque ellos también forman parte de mí; separadamente de los deseos que yo tenga, las cosas han sido como han sido, son como son y serán como serán, ¡no puedo pensar tan sólo conforme a lo que yo anhelo que sean!.
No creas al leerme que me encuentro en un desilusionante estado de profunda tristeza, ¡al contrario!, me alegra inmensamente comprender (de una vez por todas) que casi nada en este Vida tiene la importancia que las personas le concedemos. Rotundamente, ¡así es!.
(Estas fotografías que muestro, realizadas por Christophe Huet, son la mejor ilustración para esta entrada donde la fuerza animal de lo “blanco” sobresale por encima de lo “negro”).
Alma: Tengo más de una noche mágica llena de deseos, aunque estos deseos no sean cumplidos.
África: Las pizquitas brillantes en el ambiente ¡¡¡permanecen!!!, ¡no las dejo escapar!.
Gata Coqueta: Felicidades… me he comido tu trozo de tarta con retraso, pero conservaba su dulce sabor.
Ernesto: Creo que hoy sí que he percibido la Vida en todas sus facetas, en casi todas sus facetas…
Esther: Esos ojos azul turquesa con destellos ámbar ¡que no te dejen de mirar!... (3.000 km no son nada cuando las distancias se miden con el corazón).
Un abrazo sin decepciones para tod@s y cada un@ de vosotr@s


8 comentarios:
Te entiendo perfectamente. Yo ahora no estoy desilusionada pero si en época de cambios y, aunque estos son para mejor, son buenos, traerán cosas maravillosas... no puedo dejar de sentirme triste e inquieta. Esta escuela de la vida es lo que tiene, es impredecible... pero maravillosa al fin y al cabo.
Un besote
Me ha gustado leerte hoy,porque llevo dias con problemas personales,dandole vuelts a la cabeza,culpandome de mis errores,pero al mismo tiempo disculpandome de ellos,como bien dices nadie es perfecto y yo cometo errores,ahora es cuando me toca pensar...como solucionarlo,me ha encantado tu frase:casi nada en esta vida tiene la importancia que las personas le concedemos,que gan verdad.
un abrazo
Me consta amiga mía... y me alegro por ello.
Te leeré con más detenimiento más adelante... Es finde y toca tumbarse.
Un cálido abrazo Velve.
Hola de nuevo amiga, he estado leyendo lo que escribes, que parece ser para alguien y algo concreto, además de para ti, y veo que ya desde el principio das la clave de todo ello: “Enfadarse cuando surge alguna inesperada desilusión considero que está plenamente justificado, aunque ¡eso sí! en nuestro poder está la forma de ponerle remedio a ese fortuito enfado”.
Conmigo puedes contar, como ya sabes, para lo que gustes o necesites... Pero si en el andar de la vida llegases a sentirte “desilusionada” en algún momento o circunstancia respecto a mí, recuerda que no seré el responsable. Sí tal vez el artífice cómplice de poner tu propia lección pendiente ante ti.
Un fuerte abrazo amiga mía con mucho afecto... que mitigue en parte esas aparentes desilusiones...
Las decepciones son feas, pasara... espero
Después de conocer algunos de vuestros comentarios deciros que, como he dejado escrito en esta entrada, ¡no me encuentro “decepcionada” en estos momentos!. Me da la impresión de que esa es la “imagen” que os he transmitido con mis letras.
Cuando haces un repaso de lo que te rodea (o de lo que te ha sucedido en los últimos tiempos), ¡debes de mirar hacia el lado positivo y también debes de mirar hacia el lado negativo! (porque éste también existe y porque de éste ¡se aprende!). No es cuestión de estar siempre observando el mundo desde un prisma de color rosa, porque la realidad no se mostraría tal y como es… ¡Ya sabéis!, siempre hay que asumir que las monedas tienen dos lados y que, inevitablemente, unas veces nos muestran su cara y otras veces nos muestran su cruz.
Tal vez debería de haber sido menos abstracta en mi texto o tal vez debería de haber descrito hechos concretos, pero en estas líneas ¡esta ha sido mi forma de ser, de actuar y de expresarme!. No corrijo nada.
Ahora mismo no estoy desilusionada con nadie en concreto, ni con nada en concreto… y si acaso esta entrada debe de llevar un destinatario, ese destinatario soy yo misma. Nada más.
Agradezco que me hayáis hecho sentir que si estoy cerca de un precipicio ¡encontraré una mano a la que agarrarme si me fallan las fuerzas!. (Fuerzas que, lógicamente, no puedo mantener cada día al 100%).
Velvetina
No soy un poeta,
soy un principiante
de palabras rimadas y pensadas
para no herir los sentimientos
de quienes las lean cuando se acercan
cual inexperta mariposa
a besar el aroma de los acantilados.
Cada día se vive un verso diferente,
motivo de sobra ilustrado
para continuar el camino
con la vista fija en el horizonte,
apoyado en la esperanza y el sosiego
no permitiendo el retroceso
al más endeble de los pensamientos.
Un beso de amor y ternura
María del Carmen
La decepción es propia de las personas creativas, de quienes tienen ilusiones y expectativas y de la pasión en sí misma. Es, como en cierto modo indicas, el punto negro sobre el gran blanco. Hace falta para saber tocar la tierra con los pies, porque a veces nos dejamos elevar demasiado con nuestras alas y olvidamos que la tierra siempre está ahí abajo. Es normal que quienes queremos, o quienes nos rodeen nos decepcionen en ocasiones. A veces son pequeñas decepciones derivadas de grandes expectativas y que con el tiempo se hace fácil perdonar. Otras veces, en cambio, la decepción es tanta, que aunque se perdona, no se olvida y si no se olvida siempre ejerce una sombra sobre el cariño y la relación para con esa persona. Se queda como una muesca en la barra del bar.
Los otros tipos de decepciones suelen ser menos graves, sobre todo si sabemos superarlas... Pero lo importante es asumir que somos humanos e imperfectos lo que paradójiacamente nos vuelve perfectos pues sin imperfecciones seríamos aburridos y por tanto imperfectos, que lío ¿no? jajaja... Una decepción es una pequeña crisis y una crisis siempre es un punto crítico, una ensilladura o un punto de inflexión, como prefieras llamarlo. A partir de ahí el camino inevitablemente ha de ser otro, pero las crisis no son malas, aunque lo parezcan, son necesarias. Y las decepciones también. Como dije al principio, son esas pequeñas guías para recordar tocar el suelo de vez en cuando... Y así tomar impulso.
Besitos, Velve querida (me voy a tu otra entrada, que me ha encantado)
Publicar un comentario en la entrada