Siendo niña los mayores entendían como un gesto de buena educación que pidiera las cosas por favor y que, lógicamente, diese las gracias cuando lo que yo deseaba (aunque fuese una simple piruleta) se me entregaba… Pero ¡claro!, era pequeña cuando sucedían estos repetitivos gestos de buenos modales, así que esas expresiones tan disciplinadamente formales ¡salían de mi boca por sí solas de una manera automática, espontánea, inconsciente!, ¡muy inconsciente!, ¡demasiado inconsciente!.
Hoy me ha dado por pensar en este frecuente hecho observando a esos locos bajitos que me rodean durante los días de diario, ¡son, a pesar de su corta edad, de los mejores maestros! (no es la primera vez que comento esto, pero es que ¡me gusta recordarlo!). Algunos de ellos aún se encuentran en esa floreciente etapa infantil en la que tan sólo han aprendido a pronunciar apenas tres palabras (mamá, papá, tete…), sin embargo (y a pesar de su inexperiencia), ¡son capaces de demostrar el más admirable de los agradecimientos!... una mirada, una sonrisa o la pureza de su semblante les sobran y les bastan para sustituir las siete letras del término “¡gracias!”. A su tierna edad no necesitan de formulismos sociales que, con el transcurrir del tiempo, se adueñan de ese tipo de entendimiento que entre todos deberíamos de mantener.
Han sido demasiadas las ocasiones en las que he sentido que alguien me concede las gracias de la misma manera en las que yo las daba siendo una ingenua mocosa. Es decir: por obligación, por instinto o por hábito… y en esas circunstancias he notado que se perdía al instante la pura esencia del agradecimiento. Porque la palabra gracias, al fin y al cabo, es tan sólo un vocablo natural que no cuesta demasiado esfuerzo entregar a alguien (desde la infancia lo estamos practicando), pero ¡agradecer!, ¡agradecer, bajo mi punto de vista, es un hecho mucho más profundo, más limpio, más auténtico!. Agradecer no es tan fácil como decir sencillamente ¡gracias!, porque compruebo que yo (como tú) puedo mostrarme agradecida aún manteniéndome en un estricto silencio.
Quiero mencionar una anécdota que me ha sucedido y con la que comprendo, exactamente, la desigualdad a la que me refiero:
Una vecina, conociendo que yo soy hija adoptiva de la maravillosa ciudad de Granada (no es que haya nacido allí, pero por sentimentales razones ¡me tira casi tanto como mi tierra!), me preguntó hace algunas semanas qué lugares granaínos podría visitar durante unos días de vacaciones que tenía pendientes… Así que yo, ni corta ni perezosa, (aparte de nuestra breve conversación patio a patio) ,¡me dispuse a desempeñar con esmero su inesperada solicitud!.
Le apunté en unos primorosos folios bares, comercios o monumentos, todo ello señalado por ambientes, por zonas o por cercanía. Añadí las mejores horas de visita, la especialidad de cada casa e incluso ¡le dibujé un mapa!. Resumí (después de calentarme mucho la cabeza y de imaginarme yo misma en esas alegres circunstancias) lo que podrían ser un par de días inolvidables para ella y, como si fuera un estudiado trabajo de colegio, ¡se lo entregué bastante ilusionada!.
Ella simplemente lo tomó, lo miró, me miró… ¡marchándose de mi puerta sin decirme nada!.
En los días siguientes tampoco hizo mención alguna a lo que le había entregado si nos cruzábamos por el barrio. Yo, como es de suponer, me quedé esperando en mi entrega algún comentario, algún gesto de aceptación, algún sinónimo si es que no quería decirme directamente ¡gracias!... Hasta que ha llegado ese ansiado fin de semana en el que ella tenía previsto su corta visita, de la que, por supuesto, yo no le había echado más cuentas que las primeras.
Ayer domingo, a esos de las diez de la noche, llamaron a mi timbre. Era mi vecina… ¡La noté contenta, alegre, entusiasmada!. Acababa de regresar del comentado viaje. Entre prisas por el cansancio, me entregó por sorpresa una botella de vino envuelta en un arrugado papel, diciéndome sencillamente: ¡Es que me he acordado de ti!. (Esa botella de vino de regalo, debo de añadirlo, no se compra en cualquier lugar. Es un vino dulce de naranja que personalmente me encanta, que sirven en una de mis bodegas de siempre escondida por callejuelas estrechas y que no se suele vender al público… al no ser, eso sí, que ¡te cameles al camarero!).
Desde anoche comprendo con más nitidez que mi vecina ha hecho mucho más que darme sencillamente las gracias. Me ha enseñado que en esta Vida hay palabras que puede llevárselas el viento, pero que un pequeño detalle de agradecimiento puede ser un gran gesto.
No niego que a mí, como a todo el mundo, me gusta recibir muestras de agradecimiento por lo que yo pueda realizar (¡a nadie le amarga un dulce!)… pero, sin embargo, no me gusta realizar lo que en verdad siento bajo la dependencia de esas mismas muestras de agradecimiento. (Este trabalenguas que acabo de plasmar es bastante simple: Si en el desayuno invito a alguien a un café con tostadas, por ejemplo, ¡es porque me apetece sencillamente convidarle!... no lo hago esperando a que mañana sea yo la que reciba el mismo agasajo encontrándome mi almuerzo pagado si asomo por la cafetería).
Me doy cuenta de que ya no me vale la pena enfadarme porque alguien no me dé las gracias, da igual las causas, pero ¡me niego a enojarme por ello!. Sobre todo porque compruebo que esta es mi forma de ser, porque nadie me puede quitar la satisfacción de haber actuado como he querido, porque para vivir feliz ¡prefiero olvidarme de lo que he entregado!.
… Sé que ese vino de naranja, cuando lo deguste esta misma noche, me sabrá mucho más dulce que todas las anteriores veces en las que disfrutado de su agradable sabor. Así lo siento, así es.
Un agradecido abrazo a tod@s y a cada un@ de vosotr@s.



14 comentarios:
Como siempre Velve, que te voy a decir de este escrito, maravilloso y real.
Si es cierto que el agradecimiento de los pequeñajos, es único y encantador, yo siempre reivindico no perder por lo menos una pizca de esa niñez, me encanta, algunas veces me dicen.- Tu cuando vas a crecer. Y yo les respondo.- NUNCA. En algunos momentos de mi vida, me encanta convertirme en niña y disfrutar como tal (igual estoy un poco loca o soy muy rara), pero me lo paso pipa por ejemplo con mis sobrinos.... osea que me quiten lo bailao....jejeje
Yo soy mucho de dar las gracias y en algunos momentos que alguien no me agradece de alguna manera, algo especial que hice, sinceramente no me gusta.
No se si me estoy explicando muy bien, porque estoy un pelin "espesa", tampoco soy de las que "Regalo para que me regalen", ni lo que dices tu "Invito a un café, esperando que mañana, me inviten a mi".
Digamos que el agradecimiento, la gracias.... me salen de dentro, espontáneamente, pero no por ello espero lo mismo. Pero sin embargo, si hago alguna cosa por alguien, también me gusta que me lo agradezcan. ¿esto es contradictorio no?????????
Al final Velve, no se si me entenderás, pero yo te voy AGRADECER que siempre este ahí. Besitosssssss
PETALO: Si no pensáramos alguna que otra vez que nos merecemos alguna muestra de agradecimiento de alguien que aún no nos la ha dado, ¡no seríamos humanas!... Lo que sucede es que llega un momento en que yo considero que no debo de enfadarme por ello, ni con esa persona, al fin y al cabo ¡tiene más importancia para mí actuar como me sale directamente del corazón que una “indiferencia”!.
No es contradictorio lo que dices, ¡es complicado controlar los sentimientos (sobre todo los “negativos”)!.
Te agradezco la buena consideración que me tienes primor.
Abrazos.
Velve
Algo parecido me ha pasado a mi con los regalos hoy, me explico: hoy una de mis niñas me ha pedido que le regale una pulsera y yo le he dicho en broma ¿y qué me regalas tú? y ella me ha dicho que no tiene dinero. Hemos hablado entonces de que hay regalos que no cuestan dinero. Al rato, me dice que tiene algo para mi (no como regalo, a ella ya se le habia olvidado la conversación)y me trae unos artículos de revista que le dió una persona a ella. Me ha dicho "ayer leí esto y me acordé de ti, pensé que te gustarían, te los doy" entonces yo le he dicho que ese era el tipo de regalo que a mi me gusta, que no le habia costado dinero pero que a mi me habia hecho mucha ilusión. Ella se ha sorprendido... espero que no se le olvide aunque con la edad que tiene... no sé yo!!!
Besotes
MELINDA: ¿Sabes una cosa?... lo que se graba en el corazón de un niño dura para toda la Vida. Puede que pensemos que su memoria es corta, pero las buenas lecciones ¡permanecen!. Como bien dices, ¡hay regalos que no precisan de dinero!, y estos regalos son los que más valor poseen. Ella se ha sorprendido y tú ¡mantienes tu ilusión!, bellos gestos de agradecimiento.
Un abrazo grande paisana
Velvetina
Hermosa reflexión, yo tambien valoro más un gesto que una palabra dicha por cumplir; pero reconozco que la costumbre de "dar las gracias" adquirida en la niñez, aun perdura en mí.
Me gusta hacer las cosas sin esperar nada a cambio, pero siempre resulta satisfactorio ver que alguien te agradece las cosas, aunque sea como tu dices, con una sonrisa.
Aprovecho la ocasión para agradecerte tu visita a mi blog. Quise hacerlo desde el mismo, pero por algún motivo no puedo escribir comentarios.
Un cálido abrazo.
Es de bien nacidos ser agradecidos, eso es lo que dice el refrán y la verdad es esa, que de la manera que mejor sepamos demos las gracias, que un gesto en ocasiones es mucho más de agradecer que la simple palabra gracias.
Ando con un portatil super pequeño, uno de esos que ofertan con los cupones de un periódico, el mayor se llevó el otro y a mi me han proportcionado este, jajaajaj, no puedo escribir mucho, no me deja entrar en todos los sittos, leo pero a penas puedo comentar, pero bueno, peor es nada, asi que en esas ando, besos a todas
AFRICA04
Nocturna, como siempre, aparezco por aquí para darte un abrazo grande soñoliento hoy. Ya me extenderé más tranquilamente, pues ando un poco cansada ya.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS...me gusta ser agradecida y decirlo también.
PETALO, yo te entiendo perfectamente lo que quieres decir!!
AFRICA, un beso guapa, ya que desde aquí nos lo mandas a todas.
BRAVISSIMA
DAMA: Me gusta reflejar por escrito aquello que ronda por mi cabeza o mis experiencias de cada día… Es una forma como otra cualquiera de extraer las mejores lecciones de la Vida. Volveré a visitarte, tenlo por seguro.
Un cálido abrazo a ti también.
Velvetina
AFRICA: Los refranes de nuestras abuelas son puras verdades. ¿Cómo es posible decir tanto en tan pocas palabras?... No importa el medio en el que sigas en contacto con la gente, si es un ordenador grande o si es un portátil pequeño, si puedes leer o si no puedes contestar, el caso es que ¡estés!.
Un abrazo guapetona.
Velvetina
Bravissima: Tendrías que cambiarte el Nick por el de Sra. Búho por tus nocturnidades (y por tu inteligencia)… Se nota que eres una persona agradecida, que te duele un poquito que no lo sean de igual manera contigo, que la palabras ¡Gracias! es una que mejor llevas grabada en tu corazón.
Un abrazo sereno para que descanses
Velve
Hola guapa!!
Joe, pero que bien escribes!
Es cierto, antes nos enseñaban a dar las gracias desde pequeñitas, pero era solo una respuesta de formalidad, de educación y respeto.
Pero también te digo una cosa, aunque ese – gracias- no saliera de dentro, yo creo al menos para mí, que nos sirvió para aprender a ser agradecidas.
Y creo, que el ser agradecida, ayuda mucho.
Puede ser algo así, como sonreír sin ganas (hacer la mueca de reír, mas que nada en esos días en que no tengamos ninguna gana de reír), no hablo de ese sonreír falso ante alguien, no, hablo de mirarnos en el espejo y hacer que sonreímos, luego, salir a la calle e intentar llevar esa sonrisa. Por lo visto el celebro con esta mueca, recibe una cierta información de que nos encontramos bien y refuerza al organismo.
Es como eso que oí hace tiempo – el pájaro canta por que es feliz o ¿es feliz por que canta? –
De todas formas esas gracias que nacen de muy adentro de nosotros es la más sana de todas, sobre todo cuando somos conscientes de las bendiciones que hemos recibido.
Bueno Velve, yo no me expreso tan bien como lo haces tú, espero que me entiendas.
Y te doy las GRACIAS por tu escrito.
Un besazo!!
Menta.
MENTA: ¡Joé!, ¡¡¡mira que me alegra verte por aquí!!!... ¿Recuerdas la letra de la canción ¡Gracias a la Vida que me ha dado tanto…!?, creo que a ella deberíamos de recurrir en esos momentos en los que nos sentimos un tanto “desagradecidas” con lo que nos rodea ¿verdad?.
A mí me gusta cantar porque soy feliz y ser feliz porque estoy cantando, depende de las circunstancias, como el pájaro.
Un abrazo grande.
Velve
Me ha encantado tu escrito Velve.
Con estas experiencias nos damos cuenta del valor inportante de dar las Gracias.
Una vez hice un favor muy importante a una conocida.El "no" darme las gracias, para mi fue una lección importantisima,aunque reconozco que en un principio me molestó bastante.Despues comprendí el gran valor de la lección.Ella sin saberlo me enseñó a ser mucho más agradecida de lo que ya era.
GRACIAS a ti Velve por estar ahí.
Besitos.
May.
MAY: Acabo de darme cuenta al leerte que, aparte del agradecimiento, un NO (recibido o entregado) nos puede enseñar mucho más de los que imaginamos. A ti, como a mí, nos ha costado en muchas ocasiones no hacer favores a los demás, pero con el tiempo aprendes que cada quien recibe lo que entrega ¿verdad?.
Me agrada mucho encontrarme contigo ¡ya lo sabes!.
De punta a punta del mapa, viajan siempre abrazos agradecidos.
Velve
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