02 septiembre 2011

¡Naturalmente!



Hay lugares a los que tan sólo puedes ir en ciertas épocas del año… No tiene nada que ver con las ansiadas vacaciones que a cada quien nos corresponden, sino más bien me refiero con este significativo detalle a las rutas de acceso que tan  sólo se encuentra despejadas cuando cesan las frías nieves.
(Como la Vida misma ¿verdad?... En ocasiones, en bastantes ocasiones,  debes de esperar serenamente a que se despeje el camino para acercarte a donde deseas llegar sin que se produzca un desagradable accidente).

No soy mujer de montaña, lo reconozco; sin embargo, me siento complacida por haberme decidido a visitar un refugio maravilloso a los pies de Sierra Nevada. Un lugar único donde la barrera que impide el paso de vehículos motorizados se sitúa a kilómetros de distancia, un lugar inigualable donde el silencio es capaz de hacerte enmudecer sin remedio, un lugar aislado donde sientes el brutal poder de la naturaleza en cada poro de la piel.
El cansancio que se produjo en mi cuerpo durante esta excelente aventura me hizo sentirme más viva que nunca, las molestas agujetas me han estado recordando durante días que lo valioso jamás se consigue sin esfuerzo.   ¡La experiencia ha merecido la pena para todo mi ser!.
Pisando por donde tal vez nadie jamás haya pisado. Respirando un aire tan puro que ¡dolía!. Contemplando limpios paisajes con flores que brotan nada más que allá, con aguas congeladas a pesar del calor sofocante en el ambiente, con caballos sueltos que no se asustan de ti porque tú te igualas irremediablemente a ellos… El verdadero significado de la palabra Belleza lo he conocido en estos días de retirada en el refugio de Poqueira.

Es de imaginar que la mano del hombre es bastante difícil que alcance dichos lares, mejor dicho, es inútil llevar un teléfono móvil en el bolsillo o un ordenador portátil en la mochila. Al principio cuesta, cuesta no depender de un propio medio de comunicación diferente a un evidente cara a cara, pero cuando te acostumbras a disfrutar de esos instantes de aislamiento voluntario te das cuenta de que se puede Vivir con lo más esencial porque la esencia, la pura esencia, eres tan sólo tú.

Esta alpinista andanza que describo no ha sido la única de la que he disfrutado durante este mes de Agosto del que nos acabamos de despedir. He tenido tiempo para acercarme hasta un mar diferente al mío, un mar menor, un mar más salado, un mar menos bravo. He tenido tiempo para largas siestas acurrucada a mi marido, para compartir con él la lectura del mismo libro, para darme cuenta de que es un placer volverse a enamorar del mismo hombre cada mañana. He tenido tiempo para dejar a mi hija su propia libertad, para que sea ella la que me pida por ejemplo que sea yo la que le cepille el pelo, para que me dé esa razón que como adolescente aún no llega a comprender. He tenido tiempo para estar con parte de mi familia, con esa familia a la que no me une lazos algunos de sangre pero a la que considero familia antes que considerarla amistades…  He tenido tiempo para echar incluso de menos porque echar de menos es, naturalmente,  ¡¡¡QUERER!!!.




3 comentarios:

Melinda dijo...

Me encanta que hayas disfrutado tanto, te lo mereces tú y tu familia. Ahora a continuar con la bendita rutina y a sacarle el máximo partido a la vida.

Un besote

Ernesto. dijo...

Hola Velve, precioso paraje en lo que permiten ver tus fotografías, refugio incluido. Se le ve sólido y acogedor. Integrado en el paisaje... llama desde luego.

El resto del relato, esperado, vivo y alegre... compartiendo esas ansias de Vida y expresión tan tuyas... tan nuestras.

Un fuerte y cálido abrazo al final de verano amiga mía... y bienvenida.

Anónimo dijo...

Hola Velve!!!

Hija, que no me olvido de ti, pero ando algo liada últimamente, entre unas cosas y otras.

Este año he tenido menos vacaciones, pero bueno, ya vendrán tiempos mejores, jeje.

Me alegro mucho que te gustara ese lugar, a mí si me gusta la montaña y cada vez más.

Esas fotos me recuerdan la sierra de mi pueblo.

Este año he hecho una de las muchas rutas que hay en mi pueblo, y no te lo creerás, pero a mi antes no me gustaba mucho andar, siempre (hablo de mi adolescencia, bueno, y no tanta adolescencia, jeje), rehuía de las excursiones que hacían mis amigos.
Yo era mas de noche, de discoteca, ahora, es todo lo contrario, no me atraen nada las discotecas ni la noche y sí me atraen el día y caminar por caminos.

Me encanta la naturaleza, y reconozco que en mi pueblo la tenemos por todas partes. Soy más de agua dulce, de ríos y riachuelos (aunque, bueno, aguanto el mar una semana).

A veces sueño con dejar la ciudad e irme a un rinconcito lleno de verde y agua, a veces una se cansa de tanto coche y estrés por parte de los demás, más que nada.

Sé que la calma la puedes tener en cualquier parte, de hecho, la tengo en mi casa, sobre todo, los fines de semana que es cuando paro algo en ella.

En fin, Velve, que te mando un abrazo muy apretaito!

Menta.