28 septiembre 2011

El Otoño que elijo.

... Si me agrada disfrutar de un atardecer, (ese mágico momento en el que me dejo llevar por el embrujo del ocaso), ¡aún me embriaga más contemplar el nacimiento de estos días de Otoño que asoman tímidamente!.
Pienso que el Otoño se puede comparar con el atardecer: El Otoño es el atardecer del año, así como el atardecer es el Otoño del día (y en Otoño los atardeceres son, para mi propio placer, ¡mucho más largos!)… Me deleito de esos anaranjados colores con los que el sol nos tiñe, me complace la serenidad que se respira el ambiente,  me aviva que la naturaleza sea tan poderosa. Soy romántica, ¡lo sé! (y ¡me gusta serlo!).
“Me gustan las puestas de sol, ¡vamos a ver una puesta de sol!...
Pero tenemos que esperar...
¿Esperar a qué?
Esperar a que se ponga el sol”.  (Párrafo de El Principito).

No he esperado  a que llegue el Otoño, simplemente ¡ha aparecido sin previo aviso!. No he pensado en él mientras se deslizaba el sudor por mi frente, ni cuando mi cuerpo me reclamaba una siesta a gritos, ni tampoco en esos días estivales que me daban la sensación de no tener fin…  Y ahora, (mientras  mi mente se acerca con disimulo hacia un calentito olor a castaña),  con satisfacción me doy cuenta de que ¡otro ciclo esencial ha concluido!.
No me equivoco al decir que necesitaba de este período de reposo, preciso retirarme hacia mi codiciada intimidad como la savia de los árboles vuelve hacia sus raíces. Han sido muchos meses de estar pendiente de que a mis ramas no les falte ni un brote, de que a mis flores no se les olvide germinar y de que  a mis hojas las cubra el color correspondiente (que del verde, como es lógico por naturaleza, están tornando hacia el amarillo)…  Y es que, ¿para qué negarlo?, la metamorfosis del entorno me transforma poquito a poco sin que yo desee remediarlo.

Ha llegado el momento de que el sol se relaje,  de que el cielo se me muestre más limpio, de que el aire se humedezca…  ¡Cómo me gusta ese aroma a tierra mojada que sube desde mis pies tras las primeras gotas de lluvia!, ¡cómo me gusta el calorcito en las manos al sostener con desequilibrio una perdiz asada (¡sí!, ¡perdiz asada!, es que se denomina “perdiz” a las patatas asadas, espolvoreadas con sal y pimienta, que comienzan a pregonar en esta época por las calles de Granada), ¡cómo me gusta volver a las viejas costumbres de conservar higos, setas o membrillos en tarros de cristal dentro de la despensa!.

Me cautiva que la propia Naturaleza sea la que me hable y, por supuesto, ¡¡¡me pirro por escucharla!!!...:
El Frío, (un ente tímido que se presenta poquito a poco pero que, sin embargo, es el gran protagonista de esta aventura otoñal), menciona que él sabe de sobra que encoje algunos corazones,  pero que ¡no es tan grave recogerse en los hogares,  disfrutar de las ascuas de una chimenea, recrearse en la lectura sosegada de un libro, conversar entre la calidez de los seres querido, recuperar la energía que se ha perdido…!. (¡No le quito razón!, él no me va a poner freno aunque deba de cambiar a partir de ahora mis actuales costumbres. Mirándolo desde el mejor punto de vista ¡me está ofreciendo un montón de frescas oportunidades!, porque su apática presencia me otorga licencia para materializar algunos de esos detalles que requieren de su inevitable compañía, tal vez ¡una ruta enológica!).
Las uvas me comentan que, si desean convertirse en un buen vino,  deben de pasar antes por un doloroso proceso: las machacan, las trituran, las pisotean y, ¡encima!, siendo ya zumo deben de fermentar con calma dentro de herméticos toneles.  Es obvio que la calidad del caldo se suele incrementar con el tiempo de permanencia en los susodichos barriles. (¡Qué decisión más complicada la de las uvas en esta vendimia de la Vida!, ¡menuda paciencia deben de poseer!. Pero ¡claro!,  los cambios suelen ser dolorosos, necesitan de un toque de esfuerzo y no se producen de la noche a la mañana…  ¡ay!, cómo las comprendo).

Las hojas de los árboles caen, caen, caen…  porque deben de dejar paso a una nueva realidad. Murmuran que no pueden permanecer en una armadura marchita, que perdonan a las estructuras que las hacen besar el suelo,  que su desprendimiento es un maravilloso fertilizante para que una nueva Vida florezca.  (¡Qué valentía poseen los árboles caducos!, prescinden de las hojas para abordar una nueva etapa aunque, lógicamente, parezcan más feos, más tristones, más apagados… No miran hacia el pasado porque ahora necesitan poca cosa,  tan sólo precisan de su sensatez).
Los animales disminuyen sus faenas buscando una campechana independencia. (¡Uf!, estos seres ¡sí que saben!... A las golondrinas les merece la pena luchar para conseguir sus propósitos, aún cuando deban de emigrar miles de sufridos kilómetros. Las ardillas se afanan en llenar de alimentos sus madrigueras, se entregan sin medida a su proyecto para buscar su propia satisfacción.  Y los reptiles se aletargan durante una larga temporada para no echar cuentas a los que sucede fuera, para entrar en un estado de soñolienta meditación, para ponerse a prueba a ellos mismos.

 
¡¡¡Este es el Otoño que elijo!!!. Un Otoño que me regala un misterioso concierto de color donde predominan los matices dorados. Un Otoño que cambia mi aspecto al igual que transforma a los campos para que se muestren en esplendor. Un Otoño repleto de hechizos que me recuerdan a los cautivadores bosques encantados en los que la fantasía alcanza su punto más alto… Es fácil descubrir este Otoño que hoy muestro si dejas fluir el alma como lo hace el arrullo del viento en las hojas, como lo hace el crujido del suelo con la hojarasca o como lo hace el susurro del agua que discurre desde algún manantial...

La nostalgia puede ser muy injusta con el presente porque, como decía John Powell,: “Buscamos la Felicidad en lugares equivocados”.

Un cálido abrazo otoñal para tod@s y para cada un@ de vosotr@s


5 comentarios:

Melinda dijo...

J'adore l'automne!!! Otoño fue la primera palabra en francés que aprendí. Me encanta el color anaranjado, el viento dándome en la cara cuando voy a andar, las olas revueltas como bailando, esa sensación de fresquito..., lo dicho, j'adore l'automne.

Besotes

Ernesto. dijo...

Un abrazo otoñal para ti también querida amiga... un placer leer tanto y bueno de una estación que me encanta.

Bajaba esta tarde del monte y a medio camino el sol empezó a ocultarse entre las montañas de enfrente. Recordé la palabra ocaso a diferencia de atardecer, me gustan ambas pero lo que estaba presenciando se ajusta más a la primera...

Decenas de pequeños pajarillos del bosque, inusuales en ese trayecto, puede que estén pero no se dejan ver habitualmente, ¿o será el Otoño que los reune a esas horas?, me acompañaron un trecho. Como si prefiriesen quedarse en las zonas altas para pasar la noche.

Curiosa concordancia Velve en la que ambos hemos disfrutado de este otoño encantador.

Un abrazo más amiga.

Anónimo dijo...

Me encanta el Otoño. Es mi estación favorita,y espero, en el Otoño de mi VIDA, que todo sea dorado y yo camine hacia mi futuro con la esperanza que lo hace esta estación del año.
Espero que caigan las hojas de las estaciones anteriores y lleguen unos nuevos brotes de ilusión en mi VIDA, pues últimamente pienso demasiado en el "otoño-ocaso" de mi persona.

Me gusta en general lo que escribes, no hace falta que digas que eres romántica. Lo desprendes en cada palabra que pones en el papel, y también detrás de esas palabras se ve tu esperanza en la nueva Vida que has decidido emprender con fuerza e ilusión.

De momento, y por esta noche...

Un gran abrazo otoñal

BRAVISSIMA

Velvetina dijo...

MELINDA: L'automne me plaît aussi ... et l'hiver, et le printemps, et l'été... De cada estación debemos de elegir lo mejor ¿verdad?. Ahora es un placer pasear por nuestras playas casi a solas, sentir que nos pertenecen un poquito más, disfrutar a nuestras anchas de cada granito de arena. Viviendo donde vivimos es como un alivio que haya llegado el otoño ¿verdad?. Besotes.

ERNESTO: He paseado contigo por esos montes. ¿Sabes lo que más echo de menos en esta tierra casi desértica?... que he de recorrer algunos kilómetros para contemplar plenamente ese maravilloso poder de la naturaleza. Esos pajarillos siempre están, escondidos ¡por supuesto!, pero acompañándonos en el camino. Un abrazo más Ernesto.

BRAVISSIMA: Es momento de recogimiento, de vivir sin tanto acelero, de pararnos a meditar sobre los que nos rodea… Este cálido ambiente te aseguro que nos alumbrará hacia lo verdaderamente importante. Se nos caerán alguna que otra hoja, pero nuestra savia permanece y permanecerá ¡viva!. Un gran abrazo otoñal.

PETALO dijo...

Me encanta tu "Otoño", pero este año se esta haciendo esperar mas de lo normal, no es logico que estemos con unas temperaturas de mas de 30º en Vigo, se hace ya pesado, aburrido, cansino.... no se corresponde con la realidad, no me gusta la lluvia, cuando tengo que salir hacer recados, pero si cuando estoy acurrucada en cama, en el sofa.... Pero este año no se que ha pasado, la primavera, fue rara, el verano mas y ahora este otoño, que solamente lo es a primeras horas de la mañana y a ultimas de la tarde. Esperemos que todo vuelva a su sitio. Un besazo grande. Mayka