07 septiembre 2011

Aaahhh, cómo hemos cambiado...

Si algo me agrada de los días de verano, de entre otros muchos detalles imaginables, son los reencuentros.
Los reencuentros con esas bonitas amistades que a causa de las obligaciones, de las distancias o de la dejadez no mantengo un habitual contacto durante el resto del año. (Para mí son preciadas amistades aunque reconozco que, por una parte o por la otra, no nos dedicamos el debido tiempo o el tiempo que por ambas partes deseamos).
Los reencuentros con esos amigos de verano. Esos amigos que año tras año han aparecido para veranear en mi barrio playero como quien se va de vacaciones a su pueblo. Esos amigos que conocí siendo niños acompañados de sus padres y que ahora, como yo, somos padres acompañando a sus niños.
Los reencuentros con personas que tras verme después de un largo espacio,  se me antoja que parodian en nuestra fugaz conversación el bello tema de Presuntos Implicados: “Aaahhh, cómo hemos cambiado, que lejos ha quedado… “.

¡Sí!, todos hemos cambiado, incluso hemos cambiado desde ayer mismo hasta este preciso instante. Pero los cambios ¡no se centran tan sólo en el aspecto físico!. Porque ¡los cambios son capaces de ir más allá de lo que unos curiosos ojos pueden divisar!.
Cuento como anécdota al respecto, (hecho que me ha dado pie a este escrito), que en estos días me he encontrado (reencontrado) con un buen amigo de la juventud, un amigo al que no recuerdo desde cuándo no veía, un amigo de esos que de toda la vida suele recrearse en mi ciudad. Tras los alegres saludos de rigor, tras preguntarnos escuetamente cómo nos iba la vida y tras comprobar que ninguno de las dos teníamos prisa, decidimos sentarnos en una terraza para brindar con un refrescante granizado por este impensado reencuentro.
A lo largo de nuestra distendida charla, poco a poco, mi tremenda alegría del principio fue acercándose a una afligida decepción. Él hablaba, hablaba, hablaba… hablaba de él, de aquellos, de mí como si el pasado fuese presente, como si quienes conoció ayer fuesen los mismos que son hoy, como si tratase con la misma chica que yo un día fui. Me decepcionó que no mostrara ni la más mínima curiosidad por volver a descubrirnos, a descubrirme…  porque yo no renuncié a averiguar de su propia boca cómo siente, cómo sueña, cómo es él hoy a pesar de los comportamientos del ayer, a pesar de lo que haya escuchado de la gente, a pesar de la distancia latente.

Él: ¿Sabes algo de Conchi?.
Yo: ¡Sí!, se separó de Antonio, pero ha encontrado a un chico estupendo del que está muy enamorada.
Él: ¡Si es que a Conchi le ha gustado siempre ir de flor en flor aprovechando lo buena que está!. ¡Menudos cuernos ha debido de tener el pobre Antonio! jajaja, ¡menos mal que se la ha quitado de encima!.
(A Conchi la etiquetaron de “devora hombres” por su imponente físico, sin embargo, estaba educada a la “antigua usanza” por lo que le fue fiel a Antonio desde que lo conoció con catorce años hasta que se separaron hace unos pocos.  En el matrimonio, fue ella la que destapó a su príncipe azul que conquistaba a otras princesas fuera de su castillo).

Él: ¿En qué bar anda trabajando Juanma?, tengo ganas de verle y así aprovecho para tomarme unas cervecillas con él.
Yo: Juanma no trabaja en ningún bar, ahora tiene un despacho en una consultoría.
Él: ¿Cooómo?... pero si este tío sólo sabe servir copas jajaja. ¿Seguro que no es el chico de los recados de la empresa y está engañando al personal?.
(Juanma trabajaba de camarero para pagarse los estudios. Al terminar su carrera siguió trajinando en lo que le iba surgiendo para labrarse el futuro que deseaba y que, por supuesto, ¡el presente que tiene hoy!).

Yo: … ¡Bueno!, y tú, aparte del trabajo ¿sigues dedicándote al baloncesto?.
Él: ¡Claro!, eso para mí es sagrao. Entreno a un equipillo de segunda y de esta forma puedo pirarme de casa fin de semana sí y el otro también jajaja. Es que la familia, la mujer, los niños cansan mucho, ¡tú ya me entiendes!, ¿verdad?...
Me guiñó el ojo pícaramente tras esta respuesta, con un guiño granuja que me hizo comprender que hay personas que, como él,  no cambian porque sencillamente no quieren cambiar y puede, según mi planteamiento, que crean que los demás también permanecemos intactos.
Todos hemos cambiado porque en nuestros cuerpos se percibe el agradecido paso del tiempo. Todos hemos cambiado porque formamos una pareja, o porque hemos tenido hijos, o porque asumimos nuevas responsabilidades. Todos hemos cambiado porque, como he escrito antes, hoy nadie es la misma persona que fue ayer.

Me alegró mucho reencontrarme con este amigo que, durante años, cada verano asomaba por mi tierra desde Palencia. Me alegró mucho, lo reconozco, me alegró mucho a pesar de que después de nuestra desinhibida conversación de un par de horas me sintiese un tanto decepcionada a causa de sus palabras. Sé que todos llevamos una opinión preconcebida de quienes nos rodean; una opinión preconcebida a base de hechos pasados, a base de lo que te cuentan o a base de lo que tú mismo deseas creer… pero ¡no cuesta tanto desnudarnos por dentro como si fuese nuestra primera vez!.

Quisiera que en mi siguiente reencuentro, con quien sea o de la forma que sea, esta persona no eternizase la imagen que tenga de mí porque esa imagen estaría deformada. Yo, desde luego, me esfuerzo en hacer lo mismo con los demás porque todas las vivencias que recogemos tras cada amanecer ¡nos transforman sin remedio invitándonos a reencontrarnos!; a reencontrarnos con nuestros seres queridos, a reencontrarnos con nuestros amigos, a reencontrarnos con nosotros mismos… como en un maravilloso estreno que debemos abrazar sin prejuicios.

“Aaahhh, cómo hemos cambiado, que lejos ha quedado… “.


4 comentarios:

Ernesto. dijo...

"...hay personas que, como él, no cambian porque sencillamente no quieren cambiar y puede, según mi planteamiento, que crean que los demás también permanecemos intactos."

Es cierto lo que señalas amiga, todos, quien más quien menos, experimentamos situaciones como las descritas... incluso podríamos reproducirlas en algún momento sin ser conscientes de ello, y sin embargo hay una realidad que trasciende todo esto... y lo sabes.

El amigo del reencuentro es esa alma en evolución al que todavía has pillado en un punto del camino, de su camino, que tú ya has trascendido... y también lo sabes. Como sabes Velve, dicho con todo el respeto y cariño, y más que decir comparto contigo un momento de ambos, un reencuentro en el andar de cada uno que hoy nos permite estas palabras. Tu amigo representa, es, esa lección casi cotidiana que llega hasta nosotros por nuestra propia necesidad... ellos sólo representan el papel de "maestros". Y de éstos amiga mía agradezco su presencia en mi vida... aunque no siempre sea capaz de verlos como tal y menos aceptarlos en un principio.

Un fuerte abrazo amiga.

Velvetina dijo...

Ernesto:
Todos somos maestros y aprendices al mismo tiempo aunque, como en todo camino, unos podemos ir más adelante y otros podemos ir más atrás para llegar a destino. Sin embargo, no debe de importarnos nuestra posición en la Vida, sino el seguir adelante respetando a quienes nos acompañan durante el recorrido.

Son muchos detalles los que podría destacar de esa conversación que describo, desde lo que cuesta que te quiten una etiqueta que te han colgado (merecida o no merecida) hasta que en ocasiones es necesario, sencillamente, escuchar a alguien con tolerancia aunque estemos deseando debatir sus palabras.

Mi respeto y mi cariño también para ti
Velvetina

GELI dijo...

Jamia conforme iba leyendo lo de tu "amigo", te iba viendo la cara, el esfuerzo que hacias por no abrir la boca, aunque fuera muy educadamente, pero vamos que si llegas a ser una serpiente te habrias muerto de tu propio veneno, porque no es para menos.

El que hablara, hablara y hablara...... bueno, ta bien, pero si el tiene que inventarse que tiene esto o lo otro para salir un fin de semana de su casa y dejar a su mujer y los niños, y encima lo dice jactándose de ello, que pena me da!.

No se si es porque te conozco poco o porque ese dia te pilló impasible, porque como ya te he dicho si me lo dice a mi con el carácter que tengo, no creo que hubiera terminado de tomarme el refresco con él, yo me levanto y lo dejo mas solo que la una.

Solo en el comienzo de si el "Juanma...... camarero", ahí creo que ya viste como habia cambiado, o no, o si pero para mal. Es duro despues de tanto tiempo, ver a un amigo, y encontrarte con esta especie que está en periodo de extinción.

La verdad es que fue mejor no decirle nada, porque si no lo hubieras dejado tan pequeño, que ni de la silla se habria podido bajar.

Efectivamente es un tema bastante largo.

Un beso de chocolate helado.

Geli.

Velvetina dijo...

¡Sí, Geli!, es un tema bastante largo el de ese encuentro. Yo más bien diría que gracias a él he podido reflexionar sobre varios vitales aspectos.
Respeto como es cada quien, aunque no esté de acuerdo con sus formas o con sus actitudes. Esta vez me tocó escuchar, tan sólo escuchar. En ocasiones no hay que decir nada para decir mucho y escuchando ¡se aprende tanto! ¿no crees?.

Un beso de chocolate helado también para ti.
Velvetina