"La magia va, viene, vuela... nace en los gestos, en los ojos, en la mirada, en el alma, en el corazón. Sé feliz con la magia del camino, vuela libre con tu escoba por ella, y que nada ate a tu latir. Quiere a los que caminan contigo y sé feliz con ellos. No llores por los que van más adelante o más atrás. Vive el presente en el que la magia nos une a todos.... Mientras realizamos blogseídos una limpieza interior..."

25 noviembre 2009

... De Mis Héroes Cotidianos

Si los niños aprenden desde pequeños, nosotros también podemos seguir aprendiendo cada día… Y yo tengo la bendita suerte de ser una aprendiz de estos grandes maestros. Ello son, directamente, mis héroes cotidianos de carne y hueso.

Me he sorprendido a mí misma observando a mis alumnos como hacia mucho tiempo que no lo había hecho, valorando la tremenda capacidad que poseen para enfrentarse con algunas situaciones, comparando sus envidiables reacciones con las de cualquiera de nosotros… preguntándome irremediablemente ante sus acciones ¿quiénes son los adultos, ellos o los mayores?.
Los contemplo sentados en sus sillitas alrededor de la mesa, centrados mientras realizan un puzzle, mientras se pringan con pintura de dedos o mientras escuchan un cuento. Para ellos ¡sólo existe ese momento!, se encuentran tan inmersos en él que todo lo que les rodea ¡desaparece de inmediato!, absorben cada una de las experiencias como si fuesen irrepetibles: El puzzle, la pintura o el cuento ¡son lo que les interesa!... Nosotros, sin embargo, no somos capaces de un nivel tan alto de concentración ¿verdad?: Tú, durante los minutos que dedicas a leerme, puedes que estés recapacitando sobre esa tarea que aún tienes pendiente, sobre lo que necesitas comprar en la tienda de la esquina o sobre que mañana no debes dejar de telefonear a menganito. ¡Que conste que yo puede que piense más o menos lo mismo mientras os escribo!, pero como las cosas no se pueden realizar a medias prefiero que mi mente no se vaya por otros derroteros y dedicarme, en este presente, tan sólo a coverntit algunos pensamientos en letras para mi blog!.

Otro de los detalles que me fascina de los pequeños es su talento para maravillarse antes las cosas más sencillas… Un día de lluvia lo convierten en un festejo; no se conforman con ver las gotas resbalar por los cristales de la ventana, prefieren asomarse al patio y sentir la presencia del agua en sus dulces rostros. Que aparezca una mosca volando en clase, ¡se puede convertir en un divertido entretenimiento!; la siguen, la persiguen, la intentan atrapar y ¡todas estos infantiles actos van envueltas en profundas carcajadas con el consiguiente tormento hacia el pobre insecto!. Si uno de los niños aparece con unas conchas que ha recogido paseando por la playa, ¡este es el mayor de los tesoros conseguido!, custodiándolo con ese cuidado extremo que tan sólo sus minúsculas manos saben otorgar. (¡Es una pena que, en ocasiones, se nos vaya olvidando los milagros que nos regala la naturaleza mientras nos empeñamos en mantener los ojos cerrados hacia ella!, ¿verdad?).

Una de las experiencias que me producen mayor satisfacción con ellos, son esos días especiales en los que tenemos que preparar un regalo… Entonces ¡dejamos volar la imaginación de tal forma que un vaso de yogurt se puede convertir en un bonito macetero (aunque sean lentejas lo que haya plantado en él), o una pinza de la ropa en el más bello de los broches, o un pedazo de plastilina en la más valiosa de las esculturas!.
Cuando se acerca el cumpleaños de un compañero, durante los días previos preparamos con emoción su merecido homenaje. Buscamos momentos en los que ese niño o esa niña se sienta protagonista absoluto colgando su fotografía en un lugar destacado, decorando la clase con sus dibujos, pintando entre todos esa corona que lucirá con entusiasmo mientras sopla las velas… Y nosotros, los adultos, tenemos tantas cosas en la cabeza que o se nos olvidan algunas fechas señaladas o ¡salimos corriendo hacia una gran almacén para adquirir lo primero que sea, que pueda servirnos como grato obsequio y saliendo ¿cómo no? adecuadamente del paso!. (Ante esto, he de aclarar que personalmente soy “muy niña” en este sentido, porque tengo cierto complejo de Papá Noel).

Preferiría ser como ellos cuando, por ejemplo, no son capaces de tener rencores. Cuando sus mentes se recuperan de inmediato tras un problema. Cuando sus corazones ven más allá de las apariencias. Cuando son espontáneos sin tener que analizar las situaciones. Cuando ven las cosas pequeñas con cariño y las grandes con sorpresa. Cuando cantan a voz en grito sus canciones preferida. Cuando se visten de fantasmas, de villanos o de princesas, saliendo a la calle alegremente sin que sea Carnaval. Cuando sonríen, sonríen, sonríen. Cuando se caen, sienten dolor pero se vuelven a levantar, y a caer, y a levantar, y a caer, y a levantar… Cuando la tristeza les dura un segundo y la alegría les dura muchas horas. Cuando no necesitan apenas nada para cubrir sus necesidades, cuando no tienen prejuicios, cuando aceptan las circunstancias hasta que su intuición les dice lo contrario. Cuando no se dan por vencidos para alcanzar sus deseos (por mucho que nosotros tengamos que taparnos los oídos, más de una vez, para no escuchar sus tremendos berrinches mientras nos piden la pretensión de turno ¿a qué sí?)…

¡Así son los niños!. Pero si hay algo especial de esta extensa lista, que podría ser aún más dilatada que la expuesta, es cuando están agotados físicamente porque ¡caen rendidos en brazos de Morfeo al instante!, ¡me resulta envidiable!. Vuelven a no plantearse que el lugar no es el adecuado, que el momento no lo requiere o que tienen faenas aplazadas. Sencillamente ¡se duermen de inmediato porque el cansancio les vence!... Y nosotros, ¿qué hacemos nosotros los adultos? pues ¡nos repetimos hasta la saciedad que ya llegará el momento idóneo para tomarnos un merecido descanso, mal pensando que sin nuestro pleno funcionamiento el mundo se puede parar y alcanzando el pésimo límite de desgañitarnos con un “¡Ya no puedo más!”… ¿Es esto realmente razonable?, porque me temo que dejamos demasiado a menudo que nos confundan las “obligaciones”.

Tomando como referencia esta entrada de las enormes diferencias que mantenemos con la niñez, o cuestionándome mi profesionalidad como educadora por si transmito inconscientemente a mis alumnos mis “malas costumbres”… ¿Sabéis lo qué me he planteado en demasiadas ocasiones?... ¡el por qué desde que nacemos comenzamos a padecer porque se supone que no nos queda otra salida!.
¿Os acordáis cómo de niños nos apenábamos si un amiguito se enfadaba con nosotros, o si nos peleábamos con nuestros hermanos o si recibíamos una regañina de parte de nuestros maestros?... Esos desconsolados llantos ¡no podían evitar de ninguna forma que nos cayéramos al suelo mientras jugábamos en la calle, o que rompiésemos el jarrón de la abuela por nuestra torpeza o que le diéramos un bocado a esa vecina que nos acababa de quitar un juguete!... Y mientras nosotros nos bañábamos en el mar de esas lágrimas ¡nuestros padres también se angustiaban!, ya fuera por nuestro congojoso dolor en la salida del primer diente, ya fuese porque no comíamos, porque no estudiábamos, porque éramos demasiado traviesos, demasiado torpes o demasiado tímidos… El caso es que, generación tras generación, nos han enseñado a permanecer en un sin vivir.

¡Nosotros mismos somos los que insistimos en poner el mundo al revés!, en vez de intentar que desde niños podamos crecer mirando fijamente hacia el lado más amable de la vida, y en vez de mantener como adultos esa chispa de ilusión infantil que nunca jamás debería de desaparecer.
Puede que algunas de mis palabras os parezcan una utopía, pero si considero a mis pequeños héroes cotidianos como proyectos de vida, ¡hagamos entre todos que la vida sea un proyecto útil, aceptable, maravilloso para nosotros y para los demás!, ¿estáis de acuerdo?...
Elazne: Entrar en tu rincón es como pasar a una inmensa biblioteca repleta de sabiduría que nos espera con las puertas abiertas. No dejes de guardar tus recuerdos, pero los amargos que permanezcan escondidos en un rincón.
Panteranegra: Me gusta lo que me dices: “… porque en el momento en el que ocurrieron esos hechos tú eras otra persona”. Inevitablemente, me veo reflejada en tus palabras. Cabeza erguida ¡siempre!, ¿entendido?.
Ion-Laos: Las bicicletas son para cuando se desee pedalear por los caminos de la vida, dando lo mismo que sintamos el frío del invierno o el calor del verano. Si se pincha una rueda, ¡nos detenemos y la arreglamos!, pero con el conocimiento de que por donde hemos pasado ¡no podremos volver a pasar de igual manera!.
Bravísima: Ojalá muchas de las mujeres que lleguen a tus años sean capaces de conservar la energía que tienes tú!. Yo prefiero centrarme en tu forma de ser, antes que comprobar los datos de tu carnet de identidad.
Geli: Si es envidia sana la que me tienes ¡la acepto!... Se aprende a pensar de otra forma, se aprende a sufrir menos, se aprende a olvidar el pasado, se aprende a ser más positiva, más fuerte o más feliz, pero con un absoluto convencimiento de que lo deseas así . No dejemos nunca de aprender.
Geja: Creo que has tomado mi escrito de diferente forma a como yo lo pretendía expresar. Agradezco emocionadamente que te preocuparas por mí, pero te aseguro que si hoy estoy bien, mañana estaré aún mejor, ¡llevo una larga temporada “sin sentirme mal”!… Por cierto, Jorge Bucay es uno de mis autores preferidos ¿conoces su último libro “El camino de Shimriti”?, sus cuentos sí que son cuentos para reflexionar ¿verdad?.
Esther Hhh: No sé si plasmar integro tu comentario porque ¡me parece maravilloso!, pero como los abuelos son muy sabios copio las palabras del tuyo: "lo que n'hi ha es lo que juga" (lo que hay es lo que se juega). No hay mayor verdad. (Y ¡gracias por “ponerte al día” conmigo!).
Lalunallena: Cuando llegas a descubrir cabalmente la raíz del significado de la palabra éxito, te das cuenta de que quiere decir “sigue adelante”… No sé quién es el autor de esta frase, pero ¿ a que nos otorga cierto ánimo el leerla?.
Melinda: Planear es seguir manteniendo las ilusiones, es seguir hacia delante, es estar dispuesta a recibir lo mejor de la vida con nuestras mejores galas puestas… Espero que ahora que eres madre, seas capaz de seguir manteniendo esa mirada de niña con la que te puede contagiar Victoria.
Mays: Te prometo que después de haber recorrido este camino ¡no me pienso salir ni un milímetro de él!. No porque tú me lo ordenes, ¡que lo sepas!, sino porque en estos instantes ¡me siento feliz!... Saboreo contigo esos momentos de felicidad, ya he aprendido a atraparlos, a disfrutarlos y a no dejarlos escapar, y que conste que esa energía positiva que me mandas ¡tiene parte de culpabilidad en esto!.

Un abrazo inmenso para todas y cada una de vosotras… al igual para quienes me leéis, pero consideráis que es preferible el silencio.



17 noviembre 2009

... No es un día cualquiera.



Creo que no soy la única persona que siente el irremediable impulso de retroceder en el tiempo, acompañada tan sólo del inútil propósito de recuperar instantes que han dejado de existir… Puede que esos instantes pasados los recordemos con cierto toque de ilusión ¿por qué no añadirlo si a todos nos agrada sentirnos arrullados en ocasiones de nostalgia?; pero puede que también nosotros mismos hayamos idealizado desmesuradamente esos instantes pasados con el transcurrir de los días, cayendo de bruces en un aún más notable error.

Esos instantes de los que os hablo tan sólo nos invitan a abrir los archivos de la tristeza porque sencillamente nos empeñamos en ello ¿verdad?... No es nada malo reconocerlo, ¡acabo de escribir que yo misma rememoro los míos!, pero ahora lo hago siendo consciente de que lo que sentía antes no volveré a sentirlo de igual forma. Me resulta grato recordar una bella canción, o recordar dulces circunstancias, o recordar a alguien que no está a mi lado… pero aceptando mi propia realidad. Esos recuerdos pueden ser maravillosos, pero reconozco que dejaron de pertenecerme. Es como cuando me he mirado en el espejo esta mañana, él me ha devuelto mi imagen actual ¡me guste o no!, ni más lozana, ni más arrugada... No he visto a la mujer que me gustaría ser, tan sólo he visto a quien soy hoy. Entonces ¿por qué no actuar de igual forma con los baúles de la memoria?.
Os confieso que he vivido momentos en los que mi cabeza no se encontraba cabal y me refugiaba sin remedio, demasiado a menudo, en el ayer. Lo hacía tan intensamente que mi cuerpo reaccionaba como si acabase de despertar de una pesadilla:… ese sudor frío, ese corazón galopante, esos temblores incontrolables. Me empeñaba en regresar a dolorosos hechos ocurridos, con lo cual, ¡era yo misma las que los despertaba, las que los resurgía, las que los resucitaba!. Sinceramente, tras conocer en mis propias carnes esta desagradable experiencia, os insisto que ¡no vale la pena echar marcha atrás en el tiempo para sentirse así!.

Cuando pasan los días, las semanas, los meses… compruebas que la distancia o los espacios te van abriendo poco a poco los ojos. Al recibir un disgusto sentimos injusticia, sufrimiento o dolor, pero aún escoltados por esos malestares deberíamos admitir sin dudas que ese disgusto pasará, que llegará otro y pasará, que llegará otro y pasará… porque cualquiera que sea esa amargura debemos considerarla como insignificante, comprendiendo que todo por esta vida es un pasar: Pasa un día, la tristeza te deprime. Pasa una semana, comienzas a respirar. Pasa un mes, comienza a ser un recuerdo… Puede que pase un año y puede que vivamos como si aquello no hubiese existido, ¿quién lo puede confirmar?.

Os podría comparar esto que os acabo de expresar con cualquier noticia que surge y que de inmediato se encuentra en boca de todo el mundo… Mañana la noticia será tan diferente que la de la anterior nos habremos olvidado… y así día tras día, día tras día, día tras día. ¿Por qué no somos capaces de compararlo con nuestra propia realidad?.

Es comprensiblemente humano que deseemos retener nuestros buenos momentos, pero al igual que los malos ¡se esfuman, se van, se desvanecen!... Sencillamente porque hoy no es un día cualquiera, ¿no creéis?.
Riesgo, no pienso volver a perder lo bueno que voy consiguiendo, ni corporal, ni mentalmente hablando ¡te lo aseguro!... En cuanto al tema de Halloween, te diré que vivo en una urbanización pequeñita, comenzamos a festejar esta fecha hace algunos años y casi de puntillas; ahora los niños la esperan con un entusiasmo parecido al de la noche de Reyes y los adultos ¡ni te cuento!.
Ion-Laos, ¡mis músculos van que es decirlo todo!... Los he despertado de su letargo con bastante dolor y no permitiré que se vuelvan a dormir sin mi consentimiento. Tenemos que aprender que las bicicletas no son para que críen telarañas, sino para que ,como en todo, ¡disfrutemos de ellas!.
Melinda, reconozco que lo más difícil del Pilates no son los movimientos, sino controlar tu propia respiración; busca otro tipo de ejercicio que te haga sentirte bien, yo no encontré este de inmediato… ¡Ah!, y mi pequeño Fabio es precioso; no puedo disfrutar de él tanto como quisiera porque vive en otra ciudad, pero ¡¡¡ya lo he tenido cariñosamente arrullado en mis brazos!!!.
Lalunallena. Me agrada la reflexión que te he hecho hacer por mi anterior entrada. Recuerdo que una vez leí lo que me comentas del voley, entonces y ahora te digo lo mismo: ¡No te empeñes en repetir eso tan conocido de que “pudo ser y no fue”… así que ¡ya te estás buscando otro deporte aparte del de andar y por muy ligerito que lo andes!, ¿de acuerdo?. (Y no tomes estas palabras como una regañina, sino como un aliciente).
Caricaturita… ¡Me alegra verte por aquí, representada en ese gracioso personaje de Betty Boop!. Puede que estemos algo oxidadas, pero demostraremos que la misma vida es el mejor de los aceites para engrasarnos.
Geli… Gracias por tu comentario y por recordarme quién eres. En ocasiones, no nos damos cuenta de que hay personas que en algunos momentos pasan desapercibidas por nuestro lado, por lo tanto me es grato este reencuentro… Y ¡por supuesto que no me importa que me añadas a la lista de tus blogs!.
(Por cierto, tu rectificación es cierta, yo estaba equivocada en mi escrito… “Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, no cuando llueve).
Angelosa, cualquier mano es especial si realiza sus actos por el bien de los demás. Pero cuando esas manos no nos acompañan, debemos de encontrar la manera de regalarnos nuestras propias caricias… Y lo pasé genial en esa fiesta que ya he dejado de mostrar, considero que cualquier excusa es buena para divertirse, para salir de la monotonía, para reír ¿a qué sí?.


10 noviembre 2009

Acordándome de Santa Bárbara



Hace un par de meses que entró un hombre nuevo a mi vida… Él ha despertado zonas en mí que creía dormidas. Hoy, podría confirmar que me es bastante necesaria su presencia.

Dice un refrán muy español: “Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando llueve”… y, una vez más, nuestra sabiduría popular clava en la diana un sentenciado dardo.
Yo había dejado en un rincón escondido el cuidado de mi cuerpo. ¡Hey!, ¡no vayáis a pensar que esta frase hace referencia a que andaba por este mundo despeinada, sucia o cochambrosa!, soy una mujer pulcra y un tanto coqueta ¡que conste!... pero no creía necesario hacer otro tipo de ejercicios físicos que no fueran sentarme en el ordenador, jugar con los peques, barrer mi casa, pasear alguna vez o ¿por qué no añadirlo? cumplir con mis obligaciones conyugales.


Buscaba excusas absurdas para no asistir al gimnasio por falta de tiempo o para que la bicicleta estática (metálico elemento decorativo de muchos trasteros) siguiera oxidándose… (¿Qué queréis?, después de una dura jornada laboral se está mucho más agustito tumbadita panza arriba ¿verdad?).

El caso que llegó Santa Bárbara, ¡empeñada en expulsar de inmediato a mi vagancia!. Lo hizo como sólo ella sabe hacerlo ¡a lo grande!, con rayos, truenos, centellas y ¡en forma de una contractura muscular que me paralizó, literalmente, por la mitad!. Como es lógico, ¡estaba avisada!, al igual que antes de romper a llover se satura de oscuros nubarrones un claro cielo; primero con lastimeros quejidos tipo: “¡Cómo me cuesta levantar esta caja!”, segundo con penosas sugerencias del modo: “¿Por qué no lo haces tú?”… y tercero ¡con negarme a realizar durante un laaargo período de tiempo cualquier movimiento corporal si este me producía la más pequeña molestia o el más mínimo dolor!.

¡Claro!, una persona tan holgazana como yo se va conformando con sus propios remedios caseros para enfrentarse a los malestares, irremediablemente antes de que llegue la fatídica mañana en la que literalmente ¡no te puedes ni incorporar de la cama!: ese ibuprofeno, aquella mantita eléctrica, otro masaje con linimento… ¡En fin!, que trataba de enmascarar desde otro ámbito mi propia realidad, refugiándome en la absurda frase que exclama: “¡Es que una ya no está para estos trotes!”.

La solución más razonable cuando llegas a este lamentable punto es acudir de inmediato a urgencias, (¡el susto es tremendo!, ¡os lo aseguro, dejando las bromas aparte!)… Le cuentas al médico de turno que tu sufrimiento es insoportable (¡inyección de calmantes!), le comentas que no puedes ni levantar el brazo (¡radiografía integra!), le explicas que te invade una previa flojera (¡analítica para descartar patologías!)… Entre lágrimas te quedas aguantando esta situación un tanto adormilada, en un rincón de la sala de espera y mientras te entregan los resultados de tu padecer. Estos confirman (¡indiscutiblemente!) que tu parálisis parcial ha sido causada porque has perdido potencia muscular ¿?. (¡Vamos! que algunos de mis músculos, cansados de que no les hiciera caso, se fueron apelotonando hasta que hicieron sonar una escandalosa voz de alarma.)

Los primeros pasos recomendados para que regresara a un estado físico normal fueron recetados en este orden: administración de medicamentos, algunos consejos de salud postural e inaguantables sesiones de fisioterapia.
… Y ¡así me encontraba yo un buen día!, algunas semanas después de que me sucediera este bochornoso suceso, llevando a rajatabla las prescripciones, atiborrada de píldoras, tumbadita en una camilla, paciente para ser masajeada y con la mente lo suficientemente lucida como para gritarme a plena voz: “¡Nena, basta ya!”. (Aclararé que estas palabras de aliento, por muy fuerte que emergieran de mis entrañas, tan sólo fueron escuchadas por mí misma… ¡Menudo espectáculo hubiese montado sino entre el personal de rehabilitación!).

A Santa Bárbara la abandoné mientras negociaba con Doña Pereza. Sin ningún tipo de dudas escapé de inmediato por la puerta del centro de reparaciones, ignorando los consejos médicos, con la cabeza bien alta (dentro de mis pésimas condiciones) y sabiendo con certeza hacia dónde debía dirigirme vertiginosamente: ¡A realizar algún tipo de gimnasia activa que me hiciera sentirme más viva y menos muerta!...

Conozco mis limitaciones corporales, ambientales u horarias… por lo tanto, después de visitar, preguntar e interesarme ¡hallé la ubicación idónea para mí!: ¡El método Pílates!. (En esta frontera es donde entra en escena ese hombre virtuoso que nombro en el encabezamiento de esta entrada. No es alemán, ni Pílates es su apellido… ¡tampoco es mi amante!).

Tras esta desventura mía, (porque tímidamente no se la puede denominar ni como una leve peripecia), realizo mis ejercicios dos veces por semana y en una especie de tarima que nos recuerda a un aparato de tortura y apodada “cama reformer” (mirad la imagen de muestra para comprobar la razón de mis palabras). Me ha costado mucho esfuerzo despertar de mi auto-impuesto letargo, mentiría si os diese a entender lo contrario; pero he contado con la grata ayuda de un monitor que aparte de enseñarme a estimular paulatinamente mi cuerpo, me muestra que puedo controlar incluso mi propia respiración, que puedo ir cada día un poco más allá en mis movimientos, que puedo sentirme francamente orgullosa de esta que os escribe.

Ahora, esas citas se han convertido en insustituibles, (¡ya me he encargado, con una tremenda satisfacción, de que mi agenda muestre como ocupadas las franjas de esos encuentros!); he descubierto, por ejemplo, que la ducha me es mucho más placentera tras terminar estas sesiones, que no me importa que la temperatura del agua se muestre fría y ¡que ha regresado la confortadora sensación que te invade cuando notas correr una gota de sudor por tu espalda! (si no es por la acalorada circunstancia de que te encuentras en plena playa, en pleno verano y a pleno sol).
Ayer, por ejemplo, me emocioné como una ilusa durante una de mis clases. ¿Sabéis por qué?... Porque por primera vez, desde que comencé con estas agradecidas sesiones de Pílates, ¡no me “crujió” la cadera!... ¡Aysss!, supongo que este pequeños detalle os pueda parecer insignificante, pero os confirmo rotundamente que para mí ¡ha sido un intimo regocijo que me he prometido, sin cavilaciones, mantener!.

“Mens sana in corpore sano” ¿o no?...
P.D´s.:
¡Qué engañada me teníais!... Yo tratando de convenceros de que no era la única bruja de nuestro reino y ¡me demostráis con vuestros comentarios que poseo vuestra compañía para efectuar en la vida cualquier aquelarre!. Por cierto, ¡me coloco el título de “atrevida” por la indumentaria que os muestro en las terroríficas fotografías que he subido!.
… En cuanto a Fabio, informaros de que en estos instantes sus padres son la pareja más dichosa que conozco a mi alrededor. Este niño es, sencillamente, el hijo de mi mejor amigo.